Una Delegación pequeña pero muy viva (14/11/2005 - Uruguay)


Después del retiro anual predicado por el P. Pablo ARCHIATI, Asistente general, la Delegación de Uruguay se prepara a vivir otro año con entusiasmo e intensidad.

Acaba de enriquecerse con la presencia de dos Padres oblatos procedentes de Polonia, Mario BOSEK y Damián DYBALA, y de dos escolásticos en período de práctica, el español David MUÑOZ y el italiano Carmine MARRONE.

Por el contrario, los vehículos de la Delegación están mas o menos en el final de sus fuerzas. Una camioneta está definitivamente perdida y los otros sufren por un largo desgaste y muchos kilómetros recorridos. Pero es necesario más para desalentar el P. Pippo MAMMANA, superior de la Delegación. “Con las camionetas, dice, también perdemos un poco de nuestra comodidad, lo que es positivo. ¿ Que hacer entonces? Lo sabemos muy bien: ¡trabajar! ¿Cómo? ¿En qué sector? Es simple: dar un fuerte impulso a la pastoral de los jóvenes y las vocaciones, crear comunidades, buscar animadores, crear también centros de jóvenes para formarlos en la vida cristiana y dar un futuro a las parroquias. “

El equipo misionero es otro punto importante del programa de la Delegación. Prevé enviar una propuesta misionera a todos los párrocos del país.

Finalmente y no es lo menor, señalamos que las comunidades de bases (CEB), son fundamentales para la formación del laicos y el crecimiento de la Iglesia. “Me golpeó en una visita a Roma, sigue Pippo, las iglesias de Santa María en Trastevere, San Crisógono y Santa Cecilia, construidas en el barrio de los artesanos pobres, cerca del cementerio del Vaticano, que era también un cementerio de los pobres. Estas iglesias surgieron sobre las casas donde los primeros cristianos se reunían. Las CEB también son las casas sobre las cuales la Iglesia de hoy se construye. “

Por otro lado Pippo, define los siguientes desafíos para la Delegación: ser capaces de utilizar las tecnologías modernas, como Internet, sus foros y sus “chats”, para tender una red más rápida de comunicación entre los jóvenes y las comunidades oblatas; hacerse a “padres” de los papás que se han separado, de los que sufren y que tienen dificultades para resistir en este mundo que va tan rápido; Superar las incertidumbres, gracias a una fe basada en la palabra de Dios; Trabajar con los que trabajan para una solidaridad que no excluye a nadie; encontrar señales capaces de “sacramentalizar” a nuestro mundo.