Misión Juvenil en San Pedro (Paraguay)
Desde el año 1986, los Oblatos de la Provincia del Paraguay realizan
cada año una misión juvenil: jóvenes comprometidos viven
durante 15 días en una parroquia campesino, donde visitan, junto misioneros
oblatos y otros religiosos casa por casa; realizan encuentros y reuniones, celebraciones
y juegos; organizan grupos, dan charlas.
Para el año 2009, el Equipo de la Provincia (un sacerdote con formandos
de las diferentes etapas) organizó la misión en San Pedro: el
norte más pobre del país, donde el actual presidente Fernando
Lugo trabajaba antes como obispo. Con el párroco de la parroquia General
Resquín, quien solito tiene que atender a 70 comunidades (con más
de 100 km de un extremo al otro), se había organizado todo durante varias
visitas anteriores.
Cuando los 90 jóvenes llegaron con los primeros sacerdotes – que
iban a llegar a 12 en total esta vez – coordinadores y catequistas les
estaban esperando. Y decenas de familias les acogieron durante los primeros
2 día de retiro y preparación de la misión en el centro
San Vicente.
La novedad de esta misión fue, aparte de que nunca había tantos
sacerdotes (aunque sólo 3 estuvieron durante todo el tiempo sin interrupción),
que participaron Oblatos – formadores y formandos – de diferentes
provincias: Cochabamba, Córdoba y Brasil. Como en estas casas de formación
estudian escolásticos de diferentes países, llegamos a representar
más de una docena de países y culturas.
Los campesinos recibieron con los brazos abiertos y casas abiertas a sus misioneros.
Normalmente 2 jóvenes quedaban en una misma comunidad, mientras que los
sacerdotes recorrieron para que muchas comunidades pudieran tener la oportunidad
de confesiones, unciones de enfermos y misas. Para comunidades que a veces tienen
que esperar un año para poder tener la visita del párroco, fueron
momentos de mucha importancia.
Muchos jóvenes compararon lo vivido con sus propias comunidades. A veces
se sorprendieron sobre los pocos varones, los pocos casamientos y la poca catequesis
que encontraron.
Por un lado, todos son conscientes, que con una misión no se puede cambiar
todo; por otro lado, sobre todo los jóvenes descubrieron que pueden ser
y son misioneros – para no pocos un fuerte llamado, si no lo deberían
ser de por vida. Todos los jóvenes oblatos de la Provincia de Paraguay
han pasado por esta experiencia de la misión juvenil y procuran de participar
cada año en lo posible.
P. Miguel Fritz OMI