P.
Lorenzo Rosebaugh OMI
Lunes 18 de mayo falleció P. Lorenzo Rosebaugh omi, norte americano.
Dos asaltantes lo balearon mientras iba a Ixcan (Playa Grande) para una reunión
con otros hermanos de Congregación, los Misioneros Oblatos de María
Inmaculada. Eran alrededor de las 5 de la tarde. Los asaltantes dispararon y
una bala llegó a sus pulmones.
Lorenzo había nacido en Appleton (Wisconsin) el 16 de mayo de 1935 en una familia de clase media trabajadora.
Se ordenó sacerdote el 30 de marzo de 1963 y pidió a sus superiores ser enviado como misionero, dando tres opciones: Laos, Filipinas o Recife. Pero lo enviaron a la Parroquia San Casimiro en San Pablo (Minnesota). Ahí estuvo 9 meses. Luego fue a Duluth (Minnesota) para dar clases de religión en el Colegio católico Catedral. Con algunos alumnos conoció la oficina para la igualdad racial y comenzó con ellos un trabajo de concientización sobre los Derechos Humanos que le causó algunos problemas con los padres de los alumnos.
En setiembre de 1967 pidió unirse al P. Bob Kauffman para vivir entre los más pobres, en el barrio hispano de Chicago. El año después falleció de cáncer P. Kauffman y Lorenzo volvió al colegio.
Ese mismo año, 1968, comienza a trabajar con el movimiento de los Obreros Católicos en Milwaukee (Wisconsin). Juntos decidieron infiltrarse en el oficio federal de la Inteligencia de Estados Unidos para sustraer los archivos de los que iban a ser reclutados para la guerra de Vietnam, quemando aproximadamente 5000 archivos en plaza pública en forma de protesta. Esto le costó casi dos años de cárcel donde se negó a colaborar a los procedimientos carcelarios. Eso hizo que lo trasladaran a una cárcel de más seguridad. Allí un día el carcelero le pide confesarse.
Mientras está en la cárcel, fallece su hermano y él no puede ni salir para el velorio, ni oficiar Misa.
En 1975, viaja hasta Brasil pidiendo jalón. Le tomó 11 semanas y fue el comienzo de una historia de amor con los desposeídos de América Latina. En Brasil vivió debajo de los puentes, comiendo y rezando con ellos. Después de una brutal experiencia en la cárcel de Recife, en 1977, se encontró con Rosalynn Carter que, junto a Dom Helder Cámara, lo ayudó a salir de prisión.
Vuelto a Estados Unidos, a principios de los 80, es protagonista de otra protesta en contra de la Escuela de las Américas, donde se entrenaban dictadores y torturadores de los regímenes militares de América Latina. Durante la noche, con dos compañeros, logró entrar dentro del edificio y transmitir, a través de altavoces, la grabación de la voz de Mons. Romero, que decía: “En nombre de Dios, les suplico: ¡Cesen la represión!”.
Esto, junto a otras acciones similares, le costó otro periodo de cárcel.
En 1986 lo encontramos en el Salvador trabajando con el movimientos de Voluntarios Cristianos que estaban acompañando a los “retornados” desde Honduras, primero en la parroquia de San Antonio de Padua, en la localidad de Estanzuelas por cuatro anos, y luego por dos años más en la comunidad de Nuevo Gualcho.
En la primavera de 1992 comenzó sus preparativos para retornar a Estados Unidos, a petición de los Superiores de la congregación. Y así, emprende su retorno, en julio de ese mismo año, pero esta vez en bicicleta, para “dejar que la brisa limpiara su mente de los residuos de la violencia en los tiempos de la Guerra en el Salvador”.
En el verano de 1993, se unió a los Oblatos de Guatemala. Asignado primeramente a la parroquia de Chicamán (Quiché). Al año los Oblatos asumen la parroquia de Playa Grande, Ixcan. Lorenzo trabajó ahí hasta el año 2000. Tres experiencias marcaron fuertemente esta etapa de su vida. Una fue el regreso a la vida comunitaria luego de muchos años de trabajo fuera de ámbitos oblatos. La segunda fue su relacionamiento y experiencia con las comunidades de la renovación carismática y la tercera fue el haber presenciado un linchamiento, donde casi es quemado vivo por intentar pacificar los ánimos.
En el año 2000 regresa a los Estados Unidos para cuidar de su madre muy enferma. Allí es donde escribe sus experiencias en el libro “To wisdom through failure. A journey of compassion, resistance and hope”. (Hacia la sabiduría, a través del fracaso, una historia de compasión, resistencia y esperanza).
En 2005 regresa a Guatemala para su última etapa de vida, “siempre cerca de los más pobres”. Trabaja con los enfermos del hospital San Juan de Dios, con los niños enfermos de Sida en el Hospicio san José, con los más pobres de los pobres atendidos por los Misioneros y Misioneras de la caridad de Madre Teresa, en las cárceles del Pavón y Pavoncito.
Lo que llamaba la atención era su capacidad de comunicación con los más abandonados: se vestía como ellos, tenía el pelo largo como ellos, viajaba y sufría la inseguridad de los buses, siendo varias veces asaltado.
Pero si alguien preguntara: ¿Cuál era el secreto de P. Lorenzo?
Podríamos decirlo
en pocas palabras: su intensa relación con el Señor: rezaba de
las 4 a las 7 y media de la mañana, llevaba consigo el santísimo
que se manchó de sangre al momento de su muerte, sus reflexiones intensas
sobre la Palabra de Dios y su visión contemplativa de la naturaleza y
de la realidad, su humildad en hacerse acompañar espiritualmente y su
confesión cada 15 días.
Lorenzo fue un profeta fiel y coherente hasta el final. Murió como tantos
guatemaltecos, víctima de la violencia y de la inseguridad que vive el
pueblo, sobre todo los más pobres.
OBLATOS DE
MARÍA INMACULADA DE GUATEMALA