Reflexiones Pastorales sobre nuestro trabajo en la Amazonía
Estimados hermanos
y hermanas: Paz y Bien.
A pedido de algunos misioneros y amigos que trabajan en instituciones de la
Iglesia que apoyan nuestra labor en la Amazonía quiero expresar mi palabra
a título personal para compartir una reflexión sobre nuestra misión
socio-pastoral, teniendo en cuenta el reciente hecho de la cancelación
de residencia del Hno. Paul Mc Auley.
Los Vicariatos Apostólicos en la Amazonía peruana fueron creados
a comienzos del Siglo XX y confiados a los religiosos dominicos en Madre de
Dios (Puerto Maldonado), franciscanos (San Ramón, Requena y San José
del Amazonas), agustinos en Iquitos, jesuitas en Jaén, pasionistas en
Yurimaguas y a la Sociedad de Misiones Extranjeras de Quebec - Canadá
en Pucallpa (actualmente Mons. Gaetano Galbusera, salesiano es el Obispo-Vicario)
con el objetivo de acompañar y favorecer una evangelización integral
en la Amazonía muy abandonada por el Estado peruano y por la misma Iglesia.
La mayoría de los misioneros somos extranjeros provenientes de diversos
países de Europa y América.
Una preocupación muy grande de aquella época fue el genocidio
que muchas comunidades indígenas sufrieron a causa de la extracción
del caucho y que afectó a toda la Selva; pues los indígenas y
mestizos eran utilizados como mano de obra barata, desintegrándolos de
sus comunidades, había esclavitud, tráfico de seres humanos, genocidio,
corrupción económica y social. La época del caucho fue
una de las etapas más tristes y desalentadoras porque se atentó
contra todos los derechos de los habitantes de la Selva. Esto llegó a
oídos del Papa Pío X quien, en el año de 1912, hizo un
llamado a la Iglesia y a la Sociedad instándolos a que se preocupasen
por la suerte de los indígenas de la Amazonía: “Cuando analizamos
los crímenes y maldades que suelen cometerse contra ellos (los indios),
ciertamente quedamos horrorizados y profundamente conmovidos. Pues ¿qué
puede haber más cruel y más bárbaro que matar a hombres
a azotes, o con láminas de hierro ardientes, por causas levísimas
a veces o por el mero placer de ejercitar su crueldad, o impulsados por súbita
violencia conducir a la matanza a cientos y miles, o devastar pueblos y aldeas
para realizar matanzas de indígenas; de lo cual hemos recibido noticia
que en estos pocos años han sido destruidas casi totalmente algunas tribus?...Nosotros
al recibir algunas veces rumores de estas cosas, pusimos en duda la certeza
de hechos tan atroces, ya que parecían increíbles. Pero habiendo
llegado a la certeza por medio de testigos muy seguros, esto es, por medio de
muchos de vosotros, Venerables hermanos, por los Delegados de la Sede Apostólica,
por los misioneros y por otras personas de entera fe, ya no nos es lícito
tener ninguna duda de la veracidad de estos hechos. Por lo tanto, es el momento
de que movidos por esta preocupación intentemos poner término
a tanto mal… Condenamos y declaramos reos de inhumanos crímenes
a (quienes) pongan en esclavitud, los vendan, los compren, los cambien o regalen,
los separen de sus mujeres o de sus hijos, se apoderen de sus casas o de sus
bienes, o de cualquier manera los priven de su libertad, reteniéndoles
en esclavitud… y os exhortamos encarecidamente que todas aquellas cosas
que en vuestras diócesis están instituidas para el bien de los
indios, las promováis con toda vuestra preocupación, al mismo
tiempo cuidéis de instituir aquellas otras que parezcan necesarias a
la misma causa” (Encíclica Lacrimabili Statu).
Desde ese tiempo y hasta ahora los obispos y misioneros de los Vicariatos Apostólicos
hemos querido acompañar con respeto y cariño a las comunidades
indígenas, ribereñas y urbanas promoviendo una evangelización
integral que tome en cuenta las grandes necesidades sociales de las poblaciones
amazónicas. Hemos tratado de penetrar a los lugares más apartados,
defendiendo la justicia y los derechos humanos de los más humillados.
Se han creado escuelas y centros de promoción social, algunas poblaciones
se han formado en torno a los centros misioneros, se ha promovido el desarrollo
económico y material a través de nuestros servicios de Pastoral
Social y Cáritas. Nos hemos preocupado por capacitar profesores, agentes
de salud y profesionales indígenas y mestizos. Hemos creado seminarios
y centros de formación para laicos, animadores de comunidades cristianas,
catequistas, jóvenes, familias, enfermos, ancianos, sacerdotes, religiosos
y religiosas para que sean los nuevos misioneros y agentes pastorales que continúen
el trabajo pastoral de los misioneros que venimos de fuera.
El Estado peruano ha apoyado nuestra labor socio-pastoral y en muchas ocasiones
ha reconocido públicamente este servicio a las comunidades más
alejadas y abandonadas en las zonas de frontera del Perú, donde muchas
veces el mismo Estado está ausente. Hemos querido contribuir siempre
a la paz, a tender puentes entre el resto del Perú y la Amazonía,
entre el Estado y las comunidades peruanas amazónicas más abandonadas
y hemos promovido la solidaridad de la Iglesia Católica presente en diversos
países hacia estas zonas necesitadas del Perú.
En estos últimos acontecimientos hemos querido ser fieles a esta tradición
de estar cercanos a las comunidades amazónicas abogando por sus justos
derechos y cuidando la “casa común”, que es nuestra Amazonía,
que nos sustenta y nos acoge y reiteramos el pedido de los obispos reunidos
en Aparecida que expresaron: “Crear conciencia sobre la importancia de
la Amazonía para toda la humanidad. Establecer, entre las iglesias locales
de diversos países sudamericanos, una pastoral de conjunto para crear
un modelo de desarrollo que privilegie a los pobres y sirva al bien común.
Apoyar a la Iglesia que vive en la Amazonía para que siga proclamando
el Evangelio de la vida y desarrolle su trabajo pastoral…” (DA.
475).
Me preocupa que se consideren delitos que alteran el orden público el
trabajo que algunos misioneros realizan a pedido de comunidades e instituciones
para informarles sobre sus derechos nacionales e internacionales en cuanto a
sus territorios y a la preservación de sus recursos naturales como patrimonio
para sus descendientes, acompañarlos en sus protestas y marchas y, por
otro lado, no se consideran delitos la contaminación de los ríos,
la deforestación de los bosques, la ilegalidad y corrupción para
ofrecer algunas concesiones para el enriquecimiento injusto de algunas personas
o empresas en perjuicio de los habitantes de la Amazonía, la negligencia
de algunos profesionales que reciben un sueldo para trabajar en la Selva y no
se presentan a sus puestos de trabajo en detrimento de la educación y
salud de los que deberían ser beneficiados. ¿Qué es lo
que más altera el orden público? ¿El cumplimiento de la
legislación nacional e internacional que garantiza una vida digna para
los habitantes de un país y donde sus autoridades deberían ser
sus principales promotores o el incumplimiento de las normas y leyes que protegen
el patrimonio de la Nación para un desarrollo sostenible para varios
años más?
El Estado es el que nos permite ingresar concediéndonos la residencia
como misioneros y es el mismo Estado el que nos puede retirar la residencia
si considera que nuestro trabajo ya no es necesario o si lo considera perjudicial
para los intereses nacionales. Dice nuestro Señor Jesucristo en el Evangelio:
“Si entran en una ciudad y no quieren recibirlos, vayan a sus plazas y
digan: Nos sacudimos y les dejamos hasta el polvo de su ciudad que se ha pegado
a nuestro pies. Con todo sepan que el Reino de Dios ha venido a ustedes”
(Lc. 10.10-11).
Agradezco todas las muestras de respaldo a quienes conocen nuestro trabajo y
lo apoyan y pido disculpas por nuestras dificultades y yerros que hemos cometido,
porque nadie es perfecto. A veces queremos hacer el bien y podemos incomodar
a otros. No es fácil nuestra labor pues está llena de carencias,
incomodidades y dificultades, incluso de incomunicación entre nosotros
debido a la lejanía y exclusión de servicios básicos que
se tienen en las ciudades y otras zonas mejor comunicadas. Expreso estos pensamiento
y sentimientos con la intención de que un pastor de la Amazonía
pueda decir algo ante estos tristes acontecimientos que nos preocupan.
Fraternalmente en Cristo crucificado y resucitado:
Mons. Alberto Campos H., OFM.
Obispo-Vicario Apostólico de San José del Amazonas
Indiana (Loreto),
05 de Julio de 2010
Entre
ustedes ya no hay judío ni griego; ya no hay esclavo ni libre;
Ya no hay varón ni mujer, pues todos son uno solo
en Cristo Jesús (Gal 3,28)
Del mismo modo que en la Iglesia Católica no hacemos diferencia entre
ricos y pobres, doctores o analfabetos, ciudadanos de las grandes urbes de la
costa e indígenas de la Amazonía, tampoco cuando nos comprometemos
en beneficio de nuestro país distinguimos entre los nacidos en esta tierra
de los venidos de otros países. En cuanto a la misión de la Iglesia
no nos fijamos en el lugar del nacimiento sino en la generosidad e identificación
con la cultura local. Por lo tanto la Vida Religiosa Peruana apostólica
es una activa y eficiente presencia no sólo de religiosos y religiosas
nacidos en el Perú, sino de un vasto número de religiosos y religiosas
extranjeros que quieren al país tanto o más que los peruanos y
que ofrecen un servicio invalorable en los campos de la educación, salud,
organización social y evangelización.
Por estos motivos la Conferencia de Religiosos del Perú expresa su indignación
ante la expulsión de nuestro país del religioso británico
Paul Mcauley de la Congregación de Hermanos de La Salle. El hermano Paul
ha prestado servicios invalorables en el campo de la educación en sectores
de la sociedad donde el Estado está ausente. Nos parece doloroso que
su compromiso con las minorías y con nuestra la Iglesia que promueve
la protección de la creación, hayan sido consideradas pruebas
suficientes de que su presencia en nuestra patria resulte incómoda y
perturbadora para el gobierno.
El acto de expulsión, explicado por el Gobierno, estaría revestido
de toda legalidad: un extranjero no puede comprometerse en situaciones que alteren
la estabilidad del pueblo peruano. Con la misma lógica podríamos
preguntarnos por la legalidad de muchas de las compañías mineras
actuando en abierto y descarado perjuicio de nuestro territorio y la vida de
sus habitantes. Por lo tanto nuestra indignación es doble ya que la medida
de expulsión no corresponde a la autoridad moral que ha demostrado el
Gobierno en el manejo del tema ambiental y la protección de los grupos
aborígenes de nuestra patria, temas que el hermano Paul Mcauley ha cultivado
con sabiduría, coraje y cariño durante la última década.
La expulsión del hermano Paul es sentida por los miles de religiosos
peruanos como una seria afrenta a nuestra misión, cumplida en fidelidad
a Cristo; también constituye un grave atentado contra la democracia en
el país y contra el convenio que el Estado Peruano y la Santa Sede suscribieron
hace años. Los religiosos y religiosas en el Perú somos un cuerpo
único extendido en nuestro territorio (peruano), uno de cuyos miembros
ya no puede estar con nosotros por decisión del Gobierno. Siguiendo la
labor del hermano Paul estamos de pie muchos religiosos, peruanos y extranjeros,
listos para continuar siendo una presencia incómoda mientras la codicia
de los poderes económicos se cierna sobre los habitantes y el territorio
de nuestra Amazonía.
LAS MISIONERAS
Y MISIONEROS PERTENENCIENTES A LA CONFERENCIA DE RELIGIOSOS DE PERÚ.
Lima, 6 de julio del 2010
COMUNICADO
Estimados hermanos
y hermanas: Saludos para cada uno de ustedes y sus comunidades:
Ante la arbitraria decisión del gobierno peruano de querer expulsar del
país al hermano Paul McAuley de la congregación de los hermanos
de La Salle por su compromiso de defensa del medio ambiente en la amazonía
peruana, La CONFER, el CAAAP , el MOCICC y CEAS han convocando a una Vigilia
de solidaridad y oración para el día jueves 08 de julio entre
las 5 y las 7 de la noche en el Colegio La Salle, ubicado en la avenida Arica
Nº 601, Breña.
Esperamos que nos puedan acompañar, lo que sucede a un hermano nuestro
nos afecta a todos los que creemos y vivimos en la esperanza de un mundo más
justo y solidario animados por los valores del evangelio y el texto del 5to
CELAM de nuestros Obispos en Aparecida.
Un abrazo y esperamos que nos puedan acompañar
Los Olivos, 07
de Julio 2010