Noviembre mes de la experiencia de la misión Juvenil

Hace unos días hemos concluido con la experiencia de misión y hemos ido a las parroquias atendidas por los Oblatos (Playa Grande – Chicamán) y a otras diocesanas (Guazacapan – Chel). Como nuestras constituciones y reglas nos lo enuncian, “el llamamiento de Jesucristo, se deja oír en la Iglesia a través de las necesidades de salvación de los hombres…” Cc 1. Esto mismo es lo que algunos jóvenes han experimentado en estos días y han querido compartir todo aquello que le ha movido el corazón, sobre todo porque se sienten llamados a hacer algo a favor de los más pobres.
Así que no es del todo cierto que no haya jóvenes entusiastas que desean apostar su vida al proyecto del Padre, su reino. La pregunta que Yahvé hace oír a Isaías cuando le llama es, “¿A quién enviaré?, ¿Quién irá por mi?” y el dijo: “Heme aquí Señor: envíame a mi.” Is.6; 8ss Pues esa misma respuesta ha sido la de todos estos jóvenes.

Comparto con ustedes mi experiencia de misión con los misioneros Oblatos que he vivido en este mes de noviembre, justamente estaba llegando de vacaciones y tuve que dedicar tiempo para conocer lo que pasaba con mis hermanos en Cristo de las diferentes aldeas de Ixcán, Playa Grande. Estuvimos en las aldeas de los K´echis, lengua que yo hablo, por eso no tuve ninguna dificultad para comunicarme con ellos.
La verdad que Dios ha sido bueno con nosotros, porque tocó el corazón nuestro y el de la gente que nos recibió, pudiendo compartir con ellos la palabra de Dios de hogar en hogar, encontrándonos con diferentes situaciones: de tristeza, dolor, soledad, alegría y sobre todo de esperanza. Nosotros pudimos animarlos en la fe, en la vida y juntos acercarnos más a Dios, hemos compartido con ellos su pobreza y sus diversas situaciones. Para mi todo este recorrido ha sido interesante porque me ayudó a cambiar algunas cosas que yo ignoraba y ahora me siento renovado en la fe y dispuesto a seguir adelante por las sendas de Dios.

Noé Cal Chub

Dios te he sentido dentro de mi corazón, muy cerca de mi, he visto como en las cosas sencillas no me dejas caer al suelo, con tus manos me detienes para que no me lastime, sin embargo por capricho me suelto y tropiezo, y nuevamente me consuelas, me cuidas y me guías. Señor quiero escucharte, entenderte, por eso háblame para no caer más.

Hoy veo dos realidades muy distintas y pienso que como estas así hay muchas más, pero…¿Señor el querer cambiarlas sería bueno? mi realidad con mis comodidades, pero sin paz, sin alegría, sin tranquilidad en mi corazón…y la realidad que ellos viven, sencilla, pobre y humilde, llena de paz, de amor para compartir con sus semejantes, felices en su realidad. Me he preguntado, ¿si en mis manos estuviera cambiar sus vidas con las comodidades, lo haría? Creo que no…no lo sé…cambiar de sencillez, eso implica que pierdan la paz…no lo sé. Dios dime ¿qué hacer?. Los lugares son pobres y tristes para mi, pero es aquí donde puedo apreciar tus maravillas, es aquí por donde no me preocupa nada, ¿el tiempo? A quien le importa. ¿qué día es hoy? De que sirve, ¿qué tanto sabes, qué has estudiado? De nada vale, porque ni si quiera puedo comunicarme con ellos en su idioma (K ´echi) apenas hablo castellano, pero ellos hablan los dos, entonces ¿quién vale más?.

Son ellos los que comparten lo poco que tienen, incluso lo que no tienen, pero yo ni si quiera lo que me sobra, ¿cómo hablarles de Dios, cuando todo lo consigo con dinero? En cambio ellos tienen todo lo que tu le has dado…observar como tu los vistes, los alimentas, los bendices con la lluvia y la cosecha, con el sol… ¿por qué tengo que viajar hasta acá para darme cuenta de eso? ¿acaso no estás allá? ¿por qué no te veo en mi realidad, en mi mundo? ¿será porque realmente eres el Dios de los pobres como dicen las escrituras? Empiezo a entender porque los lujos y las comodidades nos ciegan y no nos permiten apreciarte, escucharte y sentirte. Hoy sé que no desamparas a tus hijos porque siempre tienen una tortilla y vaso en sus mesas, pero sobre todo un gran corazón para agradecerlo y compartirlo con aquel que los visita. Veo lo pobre que son las Iglesias y el tiempo en que tardan en ir a una celebración Eucarística… en cambio Yo…Iglesias grandísimas, repletas de personas y todos los detalles, a veces innecesarios, pero con corazones vacíos… ¿de qué sirve entonces? Oh! Señor, ellos escuchan una misa en un mes y donde vivo todos los domingos, todos los días…pero para qué, si entramos y salimos vacíos, las misas son como que si fueran en otro idioma, no entendemos nada, mientras que para ellos es ocasión de fiesta cada vez que el sacerdote puede llegar allá. Me he sentido inútil, me he enojado conmigo misma, hasta las pies los tengo torcidos, y ahora ¿cómo estará mi vida?...igual o peor. He visto como los niños, mujeres y ancianos avanzan por estos caminos con mucha tranquilidad, con pasos firmes y seguros, por eso he tratado de compartir con ellos si mismo sentir y su mismo vivir, comiendo lo que ellos hacen, durmiendo como ellos (en tablas) bañándonos como ellos (en las ríos, pozas y charcos)…caminar por donde ellos caminan no es fácil. Por eso dame un corazón sencillo, solidario y lleno de amor para compartir con los demás…

Sé que tienes un plan para mi, dime ¿cómo te puedo servir? Señor ¿qué quieres que hago yo? Tan pequeña como soy, dime de que manera puedo corresponder tu amor…pon sobre mi tu espíritu…ya que he vivido entre tanta comodidad.

Lidia Magali Martínez

Ojala que este compartir que estos dos jóvenes hacen suscite en el corazón de otros tantos que deseen dar su vida y tiempo para la construcción del reino de Dios y que a nosotros los Oblatos nos inviten a innovar nuestras tareas apostólicas en las que estamos al frente. Sigamos rezando para que el dueño siempre envíe trabajadores a sus campos al estilo de los Misioneros Oblatos de María Inmaculada.



Comisión Oblata de Pastoral Vocacional