Los días 15, 16 y 17 de septiembre de 2006, tuvimos la oportunidad de encontrarnos 22 congregaciones religiosas en el II Congreso Nacional de Vida Religiosa Joven.
Nos reunimos religiosos
y religiosas jóvenes de 8 países: Venezuela, Costa Rica, Panamá,
República Dominicana, El Salvador, Honduras, Nicaragua, Puerto Rico,
México y Guatemala.
El motivo que nos convocó a reunirnos fue, vivir un espacio de encuentro,
reflexión y convivencia fraterna, y revitalizar el sentido de nuestra
consagración personal desde nuestro ser joven. Profundizando en nuestra
opción en el seguimiento de Jesús, en fidelidad a un carisma específico,
con el fin de responder cada vez mejor los signos de los tiempos.
Retomamos nuestra historia vocacional, para descubrir el paso de Dios por nuestra
vida. De igual manera, profundizamos sobre la espiritualidad y el seguimiento
de Jesús en radicalidad y entrega encarnada. Nos cuestionamos sobre la
necesidad de que nuestra espiritualidad tenga raíces profundas en Jesucristo,
para que los demás vean reflejado a El en cada uno de nosotros.
También reflexionamos sobre el papel de la Iglesia latinoamericana que
se prepara para la V Conferencia General del Episcopado en Aparecida Brasil.
Meditando especialmente en la implicación y los retos de la vida religiosa
joven.
El lema que caracterizó el congreso ¡Apasionados por Jesús,
sembrando vida!, se vivió intensamente en los momentos de reflexión,
celebración y compartir fraterno. No pudo faltar los momentos de baile,
convivencia y deporte.
Como religiosos jóvenes, sabemos y somos concientes de que nuestra opción
por Cristo debe estar más llena de “pasión” por la
humanidad, fundamentada en una auténtica espiritualidad evangélica
que abarque todas las dimensiones del ser humano y la creación. No olvidando
que los retos que debemos enfrentar son cada vez más complejos.
Como Oblatos nos sentimos invitados a comprometernos más en renovarnos
constantemente en nuestra opción por los más pobres; construyendo
comunidades cada vez mejor preparadas y comprometidas en la misión, la
internacionalidad y en el discernimiento de las estrategias de la construcción
del Reino.
Que María Inmaculada y San Eugenio de Mazenod nos acompañen en nuestro caminar.
Comunidad “María
de Guadalupe”
Guatemala de la Asunción, septiembre 17 de 2006