Es hermoso ver bajar de la montaña, los pasos del que trae la buena nueva... (Is.52; 7)

En estos días la comunidad de la casa María de Guadalupe hemos regresado de la experiencia de misión que se realizó en las dos parroquias oblatas de Quiché (Chicamán y Playa grande), como siempre es de gran alegría compartir todo lo que “eres y tienes” con la gente sencilla de estas comunidades, pero sobre todo lo que ellos son y tienen. Al menos para mi no me queda ni la menor duda que ellos son unos privilegiados porque te comunican siempre su experiencia de Dios de una forma tan “simple y espontánea” que nos hacen y me hacen pisar tierra, pero sin perder de vista le esperanza del cielo prometido que ya ha empezado a verse aquí. En el encabezado de este escrito están las palabras que se manifiestan en el segundo libro de Isaías, ya que nos pudimos constatar que realmente se cumple en cuanto nos ponemos en contacto con nuestros hermanos, porque ellos nos esperan con entusiasmo y con unas ansias de oír el mensaje de Dios que trae el misionero que esta ocasión les visita. Una de las cosas que me gustó fue que a pesar de la lluvia, del sol, de los grandes bosques, de cerros, de las distancias entre las comunidades, etc. mostraron disponibilidad y aprecio a lo que nosotros proponíamos durante nuestra estadía en la comunidad que visitábamos.

La parroquia de Playa Grande tiene más 110 comunidades y algunas son multiétnicas, esto implica un gran reto para los oblatos que están ahí, pero también de gran esperanza ya que Jesús en varias ocasiones que se vio rodeado por la multitud que mostraban su interés de conocer a Dios y ser participe del compartir fraterno que tenía con todos los que lo seguían, como el pasaje de aquel de la multiplicación de los panes donde él les dice a sus amigos: “Dadles ustedes de comer...haced que se sienten por grupos”(Lc. 9;13s.) de esta manera se pudo partir, repartir y compartir el alimento que demostraba la cercanía y la “preocupación” del hombre de Dios en medio del pueblo. Como amigos de Jesús y siguiendo su ejemplo los oblatos que se encuentran en esta región procuran desde su pobreza atender lo mejor posible a ellos, a los sencillos, en quienes se cumplen y se seguirán cumpliendo las palabras que Dios les ha comunicado y seguirá comunicando, por ello nos invita a nosotros pobres siervos a llevar su mensaje y haciendo realidad aquellas palabras con las cuales iniciaba este escrito Es hermoso ver bajar de la montaña, pasos... y si hacemos más propio esto desde la realidad del lugar, es más hermoso ver bajar de la montaña las botas del que trae la buena nueva, así que hermanos oblatos acá en Guatemala hay muchos pares de botas esperándolos.


Hno. Héctor Coc