Reciban mis fraternos
saludos.
quiero compartir a modo de recuerdo, algo sobre el P. Amado.
Dios los bendiga. Lino P.
Amado
Paso silencioso, no se le siente venir, su mirada fija, dulce y serena, a cambio de nada.
Lo veo venir y me oculto para conocer sus bondades maestras, llega y siempre con una bolsita en la mano, no cambia el color de su mirada, menos el calor de su saludo.
Todos se le acercan y él les regala un saludo de Dios. Delgado, de apariencia débil que se hace fuerte cuanto más lo conozco, él inspira seguirlo, imitarlo. Sorprende a todo concepto rígido, teórico, momentáneo. No hay nada que decir, contemplar su acción es contemplar la acción de Dios que se hace presente en medio de todo cuanto sea necesario.
Voz baja, fuerte de alma, sonrisa leve, contagiante, anonadante de palabra. Cada palabra consuela la más profunda crisis cotidiana de quien la escucha. El parque, infractores, donde fuere, tan sencillo e igual de siempre. Trae pan en su bolsita, que alegra y reconforta.
Siempre habla de Dios, más de ellos que son Dios, dice. Compara sus vidas con la de Cristo, ellos se confortan en cada palabra salida de su boca que no se cansa, ni se estremece.
El padre Amado ya no ha ido hace algunos días, alguien se enteró de esto y me lo contó. Es bueno rezar, dicen que esta internado en la clínica belga. Todos rezan, algunos lloran en silencio si despegar sus narices de un pomo frío que abriga sus noches. Amado es Amado por sus hijos, sus hijos de la calle, el padrecito silencioso y buenito dicen, el de la dulce sonrisa. El de la mano amiga, el de la bolsita de pan. Amado es un viejito, Padrecito él, que nunca se hará olvidar. Ellos lo esperan, no hay duda alguna que volverá, como siempre, como cada día, a reír de las tantas ocurrencias, a llorar como alguna vez con nuestro llanto. Sensible, corazón grande. Padre Amado te esperamos y seguimos esperando. No hay duda que volverás.
¿El hospital? No es tu sitio, aquí si, porque te gusta la calle, porque te gusta Dios.
Lino P.