SERVIR A LOS POBRES, SIN CONDICIONES.

P. Guillermo Siles Paz, OMI

Estimados hermanos oblatos.

Quiero comunicarles que el P Amado Aubin, OMI, misionero en Bolivia desde 1953 ha fallecido. El desde hace unos meses ha sufrido ya el cansando de la edad y con esto se fueron complicando algunas cosas en el. Sin embargo el mantenía su lucha por estar bien.

Hoy 24 de noviembre, a horas 6:00 a.m. ha dado su último suspiro en presencia de su hermana Lorette y la enfermera Zulema. Inmediatamente los oblatos de casa pudimos atenderle y acompañar esa transición de pasar de esta vida al encuentro con el Señor. En casa estuvimos P. Gregorio, Hno Hugo y P Guillermo. Como ya lo habíamos previsto teníamos la misa en su cuarto y creo que fue un momento más bonito para nuestra comunidad. Posteriormente llego el P. Marco y ya todos le dimos el adiós.

SUS PRIMEROS MALES

El P. Amado estuvo sin ninguna novedad hasta hace un año atrás. Desde una caída que tuvo en casa él tuvo una grande herida que no le curaba, muchos pensábamos que tenia diabetes, pero en si nos dimos cuenta y ya con los análisis de que tenia osteoporosis. Eso hizo que cada vez este más débil y delicado. Posteriormente le llegó los síntomas del corazón y con ello le vinieron otras complicaciones. Hace unos cuatro meses sentimos que él se iba debilitando y prácticamente sentíamos que la vida se le iba. Pero gracias a la oportuna intervención e nuestro hno. Edgar pudimos lograr su reposición. Pero hace un mes atrás tuvimos la noticia que él además del su mal del corazón, en el hospital le detectaron un tipo de cáncer. Hace una semana el fue al hospital para una transfusión de sangre y pensamos que se mejoraría, pero no fe así, sino que se mantuvo. Ayer domingo desde las primeras horas estuvo con una fuerte diarrea y esto fue lo determinante. Paso la noche con mucho calor, pidió un vaso de leche y a partir de las 4 de la mañana tuvo muchas dificultades para respirar, hacia mucho esfuerzo, como agitado. Hasta que llegó la hora de partir y dio un suspiro para partir al encuentro con el Señor.

SU PASION, SERVIR A LOS POBRES

El P. Desde su llegada dedicó su tiempo al trabajo misionero en Carangas. Su vida estuvo marcada por muchas anécdotas en medio de los aymaras de Huachacalla, Chipaya y Corque. La mitad de su misión lo tuvo en esta zona del occidente de Oruro. El vivía y compartía con la gente como uno más, sin exigencia, sin restricciones, sino como el era. Como un Amado del Señor. Vivía inserto, cercano, y atento a las inquietudes de la gente.

Ya en 1983, él acepta una nueva misión, con su compañero Gerardo Leclaire, se hacen responsables de la misión en Huanuni, pero P. Amado se dedica más como el misionero en la parroquia, visitaba todas las comunidades campesinas de la provincia Dalence y se hacia muy cercanos a la realidad de ellos mismos.

Su llegada a Cochabamba tiene que ver con la necesidad de acompañar a los jóvenes en la formación. Vivió con los teólogos varios años y desde ahí se comprometió en la capellanía a las diferentes cárceles de mujeres y varones en Cochabamba. Su compromiso le llevó a ser una de las personas más dedicadas en la animación de todas las cárceles.

Como parte de su misión pastoral dedico buen tiempo y por responsabilidad de arzobispo de Cochabamba, a Ser parte del Tribunal Eclesiástico, labor que dedicó muy responsablemente.

QUE NOS DEJO.

Tal vez, como todos podríamos recordar lo bonito y bello de la vida de un misionero, hasta a veces sentir que era normal su forma de ser, sencillo, humilde, honesto, responsable, dedicado, sacrificado, nada exigente. Un verdadero hombre consagrado. Sin embargo, cuando uno se acerca a escuchar, lo que la gente decía de el, era totalmente confirmado. Que teníamos a un hombre de Dios caminando por las calles y llevando su palabra de forma más sencilla, humilde y muy entregado. Nadie podía dudar que P Amado, expresara a un amado del Señor. Porque su ternura, calidez, escucha, y comprensión hacia más visible a ese nuestro Dios misericordioso y amoroso.

Por eso, al despedirle a P Amado nada más ni nada menos es una invitación a la renovación de nuestro compromiso a vivir en el Señor, sin muchos obstáculos, ni limitaciones, sino totalmente disponibles para servir y amar, y entregarse hasta la consumación total de nuestra vida.

Que bien, que bien, fue su expresión, hoy creo que podemos decir, P Amado todo lo has hecho bien, que bien que bien. Y goza de su amor eterno.