“Señor, contigo estoy dispuesto a ir incluso a la cárcel y a la muerte”

Estas son palabras de Simón-Pedro a Jesús cuando éste anunciaba que lo iban a detener y matar. Es el mismo Pedro que luego de un pequeño tiempo afirmaría tres veces que no lo conocía. También es cierto que muchas veces hemos interpretado como una negación de Pedro a Jesús, pero quizás sea la primera vez que Pedro decía la verdad. No lo conocía aún. Jesús seguía sorprendiéndolo mucho más. El Dios que se revelaba sobrepasaba las expectativas de este buen discípulo suyo que quería seguirlo hasta más allá de la muerte. Hoy en Bolivia, Jesús nos sigue sorprendiendo, llevándonos a experiencias nuevas. Estas personas que ustedes ven en la foto no son palestinos, ni tampoco jóvenes entusiastas de una parroquia que desean escenificar la entrada de Jesús a Jerusalén. Ellos son los 350 presos del Abra, la prisión de máxima seguridad de Cochabamba quienes fueron movidos por sus dirigentes y animados por el equipo de la pastoral donde trabajamos dos hermanas de San José de Tréveris, dos Jesuitas, dos Agustinos y dos Oblatos del escolasticado Internacional Bolper.

La celebración unía toda la realidad del penal. Nos confundíamos entre hermanos evangélicos y católicos. Aunque el burrito que debía acompañarnos no llegó nunca, ellos decían que parece que los burros estaban con mucho trabajo ese día; pero sin embargo, nada pudo detener el regocijo de representar todos juntos la entrada de Jesús a Jerusalén. Iniciamos la procesión con un cántico evangélico de alabanza a Dios, luego terminamos con un canto del Santo católico. Todos habían ensayado ambos cantos, para no tener diferencias. Luego nos dividimos los grupos, unos se fueron al templo evangélico y los católicos iniciamos la misa en nuestro templo. Los familiares que estaban visitando a sus conocidos, se incluyeron en la celebración. Todos están entusiastas para la celebración del triduo pascual que será del mismo modo.

“Señor, contigo estoy dispuesto a ir incluso a la cárcel y a la muerte”. Muchas veces la cárcel es el lugar donde las personas pierden su identidad, no son nada para los demás. La cárcel como la muerte es entrar en el “no ser”. Sin embargo, Pablo nos recordaba el mismo domingo que Jesús se rebajó hasta someterse a ese no ser nada, para que Dios lo levantará y lo exaltara sobre todo nombre y en su nombre levantar a toda la humanidad. Es lo que nosotros entendemos con esta experiencia, seguirlo para lograr levantar de la situación de marginación, opresión, olvido y esclavitud que muchos de ellos se encuentran. Queremos ayudarlos primero a ser humanos con toda la dignidad que ello implica, para luego acompañarlos a vivir su ser cristianos creyentes y Dios quiera que alcancen la santidad.

Darwin Barraza, omi y P. Alberto Huamán, omi