EN MEMORIA
DE PADRE MAURICIO LEFEBVRE o.m.i.
A los 40 años de su heroica muerte
P. Gregorio Iriarte o.m.i.
El P. Mauricio
Lefebvre llegó a Bolivia con los primeros Misioneros Oblatos canadienses
el año 1953. Como misionero participó en el trabajo pastoral y
social en el Distrito Minero de Catavi, Llallagua y Siglo XX.
Al cabo de unos años, sintió la necesidad de conocer mejor la
realidad de Bolivia y de América Latina y para ello viajó a Roma
para estudiar sociología.
Volvió a Bolivia tres años después repleto de ideales y
soñando con una nueva sociedad más justa y más fraterna.
Entró como catedrático de sociología en la Universidad
de La Paz y en ella fundó la Carrera de Sociología pensando en
la formación de hombres nuevos solidarios con los marginados de nuestra
sociedad. En sus clases en la UMSA contagiaba a los jóvenes estudiantes
con su entrega y con su optimismo jovial. Buscaba lograr que sus alumnos tuvieran
hambre y sed de justicia y que no se limitaran a aprobar sus exámenes.
Cuando en agosto del 1971 el Coronel Hugo Bánzer Suarez tomó el
poder a “sangre y fuego”, Bolivia toda se estremeció, sobe
todo, por las numerosas víctimas inocentes de ese Golpe de Estado.
Atendiendo a un pedido clamoroso de la Cruz Roja Boliviana, el Padre Mauricio,
fue a socorrer a los heridos que yacían en la calle. Iba en una camioneta
cubierta con la bandera de la Cruz Roja, acompañado de un médico
y de una enfermera.
Se acercó hasta los heridos en medio de los disparos y una bala mortal
le atravesó el pecho. Cayó de su movilidad y quedó tirado
en la calle, desangrándose.
Intentaron socorrerle pero el fuego de los fusiles y las ametralladoras era
constante. Cuando oscureció pudieron retirar su cuerpo pero ya sin vida.
Tenía 48 años de los cuales 18 había pasado en Bolivia.
Se pudieron constatar 32 impactos de bala sobre su movilidad. Esto quiere decir
que su heroica muerte no fue un accidente causada por una bala perdida….
El recuerdo imperecedero de Mauricio ha de quedar vivo para siempre en la historia
de Bolivia, su Patria de adopción: por su vida y por su muerte, por su
palabra y su acción, por su pensamiento y por su testimonio, se le ha
de recordar a Mauricio siempre como modelo de hombre, de sacerdote, de sociólogo
y de revolucionario.
Su muerte heroica no fue un simple accidente, ni una pura casualidad, ni un
destino fatal, ni un regalo del Cielo…,. Fue una consecuencia lógica
de su vida, fue lo que normalmente tenía que ser. La muerte lo encontró
sobre el camino, o mejor dicho, él fue al encuentro de la muerte. Mauricio
tuvo la muerte que él mismo deseó. Murió heroicamente porque
supo vivir cada día la heroicidad de darse sin límite en favor
de la liberación de las personas. Murió en un acto de servicio
porque su vida fue una entrega constante hacia los demás. Murió
en un gesto extraordinario de caridad porque la vivía en los pequeños
actos de solidaridad cada día.
La vida no improvisa a sus héroes: los forma en el trabajo de cada jornada.
La muerte es la consecuencia de una vida. La muerte generosa y admirable de
Mauricio fue la plena coronación de su vida.