La Misión de Baja California


(Provincia de los Estados Unidos de América)
La misión de Baja California cuenta ahora con 5 sacerdotes y 1 hermano; uno de los sacerdotes es de la Provincia de México y está terminando su tiempo en la Misión. Además, hay 2 sacerdotes encargados del prenoviciado en Tijuana con 2 candidatos.

Desde el Capítulo general de 1998, el número de Oblatos ha crecido y se ha elaborado un plan pastoral.

Hay 2 parroquias: en Tijuana y en La Morita. En Mexicali continuamos con una parroquia en un lugar cerca de donde comenzamos en 1971. Desde entonces hemos empezado comunidades cristianas en varias partes del sur y de los suburbios. Cuando llegaron a ser suficientemente establecidas, hemos ido a otras partes donde había un incremento de población con migrantes. Los PP. Patricio Thompson y Enrique Peña atienden una parroquia que abarca cinco centros de evangelización, cada uno con su capilla (recientemente una de ellas fue destruida por un incendio). Cada centro tiene su programa de catequesis y otras actividades comunitarias. Apoyando esta labor pastoral de la parroquia, los feligreses han creado una organización llamada EDUSEC, que promueve el desarrollo humano y colabora en la catequesis.

La otra parroquia (La Morita) se encuentra en un lugar de mucho crecimiento y aumento constante del número de fieles. Los PP. Pablo Wilhelm, Daniel Crahen, John Curran y el Hno. Peter Vázquez la atienden y con ellos trabajan Religiosas de cuatro Congregaciones distintas.

Atienden 11 centros de evangelización de los cuales nueve tienen su capilla. Todos brindan catequesis y otros servicios. Parte de su trabajo de cada día consiste en conseguir terrenos para construir las dependencias necesarias para la parroquia. Recientemente han inaugurado un edificio grande que cobija servicios médicos y un centro de capacitación para la gente.

Están completando también dos estructuras que servirán para retiros y reuniones de la comunidad parroquial y particularmente para actividades con los jóvenes. La comunidad del prenoviciado en la ciudad de Tijuana ha servido de punto de entrada en nuestro programa de formación oblata, tanto para la Misión de Baja California, como para la Provincia de los Estados Unidos, que la abrió inicialmente para recibir a jóvenes procedentes de comunidades de inmigrantes en los Estados Unidos. 11 jóvenes Oblatos en formación primera han pasado por esa casa y, en el momento actual, hay 2 prenovicios que forman parte de la comunidad, junto con los PP. Tomás Rush y Gerardo McGovern.

En el verano de 2002 los Oblatos de la Misión elaboraron un plan pastoral para cinco años, con las siguientes prioridades más significativas: la pastoral juvenil y vocacional, la promoción de la participación de laicos y una auténtica vida comunitaria. El intercambio de personal de ambos lados de la frontera hace parte del esfuerzo para lograr estos objetivos.

También los Oblatos de la Misión intentaron limitar sus compromisos parroquiales para poder concentrarse más en sus prioridades. Esto ha significado que en Mexicali en los últimos años hemos devuelto cinco centros de evangelización a la diócesis y en Tijuana se ha empezado a hacer algo parecido.

La frontera entre Tijuana y San Diego es la más transitada del mundo. Allí se confrontan dos realidades muy distintas. La pobreza del lado mexicano se torna más chocante por estar tan cerca de una realidad muy distinta por el lado de EEUU. Tijuana y Mexicali tradicionalmente han sido como un trampolín para cruzar a los Estados Unidos y los oficiales gubernamentales han concentrado allí muchos agentes fronterizos para impedirlo. Pero al mismo tiempo, estos sectores fronterizos gozan de una economía más próspera que en muchas otras partes de México. Los trabajadores del lado mexicano ganan poco, pero por lo menos tienen un trabajo que les paga un poco más de lo que ganaban antes en el interior del país. Llegan a la frontera
como migrantes del interior y los cambios implicados por esa migración les impulsan a ser distintos, con todo lo bueno y lo malo que esto pueda significar.

La comunidad de formación se ve afectada por el hecho de estar ubicada en ese punto de encuentro de dos realidades tan distintas. Los candidatos se preparan para trabajar en la Provincia de los Estados Unidos, sobre todo entre los inmigrantes. Esta perspectiva puede llevarlos a olvidar las necesidades de la gente de Baja California. Por otro lado, las exigencias del trabajo en los Estados Unidos, sobre todo lingüísticas y culturales, pueden suscitar dudas por parte de los Oblatos estadounidenses sobre la capacidad de los candidatos para adecuarse a esa nueva realidad.

Los esfuerzos realizados por los Oblatos del lugar para hacer que la misión sea más colegial y comunitaria, más abierta y más atenta a los jóvenes, son semillas que ojalá producirán sus frutos en el futuro.